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Playa China

Los astronautas habrían traído piedras lunars de vuelta, y la gente se las quedó para una vez a la cuaresma rezarles.

Nosotros fuimos los únicos que decidimos comerlas.

 

Una noche caminaba calle abajo por el pacífico, y recordé un momento lejano en que tu calle se convertía en la mía.

Y las caminábamos arriba y abajo, navegando nuestro barco hacia unos nubes que veíamos en el horizonte.

Pero una noche tu calle cambió de nombre, y se movió lejos, al final de la autopista, los carros de los policías contrabandean frutas tropicales para vender en mercados negros.

 

Esa noche nuestros castillos de coral se quemaron. Es imposible construir una ciudad con ceniza como materia prima. 

Ahora camino calle arriba por el pacífico.

Mientras siento mis pasos, recuerdo una playa china que alguna vez visitamos, donde dejamos las huellas de nuestras órbitas talladas.

Por décadas he pensado que esa playa era parte de un sueño, pero hoy, mientras miro la luna, veo la arena de esa playa lejana y sobre la arena las órbitas que dejamos con nuestras pisadas